ALEXANDER FLORES: AZULEJO DE ACERO

No arrugarse ante la adversidad, tener carácter y escoger el camino más difícil para cosechar éxito son valores que el receptor Alexánder Flores Lalinde puso en práctica en su paso por tres años en los Azulejos de Toronto y aunque no cumplió su sueño de jugar en Grandes Ligas se siente satisfecho de haber demostrado que un país poco beisbolero tenía con qué competir contra la tradición.

Fue paciente y su gran oportunidad llegó al lado del cubano Rolando Arrojo, quien había desertado de su país y fue visto por scouts en Costa Rica.

“Todos sabían que la gente venía a ver a Rolando y no a unos mocosos de Costa Rica. La fe y el carácter de querer ser firmado pudo más que cualquier pronóstico y logré en las pruebas convencer a los Azulejos”, recordó Flores.

Yankees, Tampa Bay y los Gigantes también pujaron por este receptor costarricense, empero el destino era azul.

“Mi hermana fue con mi madre a Canadá como regalo de 15 años y ellas me trajeron una camiseta de los Azulejos, así que algo me decía que sería mi equipo en algún momento, aparte de que Alejandro Hueda me había recomendado. Mi padre negoció con los Azulejos y firmé con ellos. Al día siguiente me di cuenta por medio de Gustavo Oramas que otros equipos que manejaba el agente de peloteros profesionales Joe Cuba estaban interesados en mí hasta por mucho más dinero”.

Herb Rayborn fue el hombre que lo llevó a Azulejos y le dio dos opciones: irse a Estados Unidos como segundo receptor o República Dominicana a pelear la titularidad. Flores prefirió la segunda.

“Yo primero aseguré mi estudio con una beca, eso estaba dentro del contrato, luego decidí jugar en Dominicana porque las cosas fáciles nunca me han gustado, además sabía que iba a ser mucho más beneficioso para mi formación”, aportó el beisbolista nacional.

En suelo dominicano el arranque no fue fácil por la adaptación.

“Al principio se sentía como un desprecio por ser tico, no me desanimé y me fui ganando las cosas con trabajo. Fui el mejor receptor del campeonato”, relató el pelotero.

Su lugar de concentración se reducía a una finca alejada del centro de la ciudad y el medio de transporte para salir era una motocicleta.

“Nunca había usado en mi vida una moto como taxi, allá es muy normal, pero para uno no, qué va”.

Camino de espinas

En el país de las barras y las estrellas la historia resultó ser diferente, pues Flores pasó por pruebas muy duras que no se las desea a nadie. Tuvo que enfrentarse al jefe de toda la liga menor de Azulejos Jimmy Hoff y a su entrenador el australiano Paul Elliot, éste último no lo quería dentro del equipo.

“La correspondencia me llegó tarde para viajar a un campamento, la dirección que ellos pusieron venía incompleta. Por esta razón me presenté una semana después y el jefe de liga menor no me creyó, dijo que por indisciplina no llegué a tiempo. Fue injusto, pero seguí adelante”, revivió el receptor.

Elliot, por su lado, buscó la manera de mal informar a los Azulejos sobre el tico y le hizo la vida de “cuadritos”.

“Mi entrenador no me quería porque pensaba que yo le estaba quitando opciones al venezolano Daniel Quirós que era el prospecto protegido por él para llegar a Grandes Ligas. Un día Elliot me puso a hacer sombra de lanzador y me golpeó tres veces con la bola, yo me quedé callado y seguí con mi trabajo en el campo”, contó Flores.

“En otra ocasión no puso mi nombre en lista, entonces me fui a practicar al complejo un poco de bateo. Luego Elliot llamó al administrador del complejo para indicarme que debía jugar. Ese día sin calentar y con spikes prestadas de un compañero hice un gran juego contra el lanzador Paul Bird, segundo abridor de los Filis en aquella época, él venía en proceso de recuperación y lo enviaron a lanzar por tres inning. Yo le bateé 2-2 sin saber quién era él y me di cuenta por medio del compañero que me prestó los spikes. Después me ponchó, pero me fui feliz porque el lanzador pidió un inning más para enfrentarme de nuevo y eso molestó aún más a mi entrenador”, añadió.

A pesar de las hostilidades, Flores tuvo su ángel de la guarda: George Bell, ex gran jugador de Grandes Ligas. “Él me dio seguimiento en Dominicana, fue a recibirme a Estados Unidos, me daba consejos, me retaba, incluso le reclamó a Elliot cuando me lanzó las bolas al cuerpo sin razón. Fue como un padre para mí”. Otra de las personas que apoyó al nacional fue Geovanny Miranda, quien fue su entrenador en Dominicana y siempre le decía: ‘oye Alex el día que no te diga nada preocúpate’.

La mala noticia de su salida de Azulejos se dio el día en que todos los peloteros esperaban con ansias en qué liga les tocaría jugar. El tico fue llamado a la oficina y nada más le dieron las gracias.

“Ahí estaba Elliot, el jefe de la liga menor y el resto de administrativos y no me quedé callado, les dije: ‘sé que me voy porque les caigo mal, no por bajo rendimiento y no pueden criticarme de que no les entiendo porque sé hablar perfectamente inglés. Ese día mi madre estaba en el aeropuerto de Tampa luego de que permaneció conmigo durante una semana, yo agarré mis cositas y regresé con ella al país”.

Tras el regreso a suelo nacional Flores luchó por una segunda oportunidad, pero le cerraron las puertas en el Escarré.

“Quería hacer unas pruebas con otros desertores cubanos porque me sentía preparado y el señor Gustavo Domínguez (agente de jugadores profesionales) me las negó y me cerró las puertas del Estadio. Yo me decepcioné mucho en ese momento del béisbol porque todo se manejó como un negocio”, finalizó.

Flores tiene 38 años, es licenciado en administración de empresas con énfasis en mercadeo y ventas, cuenta con vasta experiencia como beisbolista, jugó para equipos como UIA, Santo Domingo, Huaraches, Nacionales, Jazz Casino, Liceo de Costa Rica, Halcones y Selección Nacional.

 

 

 

 

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